Es muy fashion ser slow, pero no es tóxico
El equilibrio se ha perdido y ahora la velocidad nos hace más mal que bien.
Aunque la tecnología cambió el mundo, no cambió el sistema educativo, que sigue funcionando como en el XIX, con algún maquillaje de la educación. Parece que lo único que tomó de la tecnología fue la velocidad y la exigencia.
Precisamente estoy escribiendo un libro que trata sobre esto. No conozco la situación educativa de Uruguay, pero en los países anglosajones -y es esto una tendencia mundial hubo una tendencia a la intensificación. Estos valores son en sí contrarios a la niñez, que es misterio, no se puede medir el juego puro, la creatividad.
Esta es una cultura binaria, una cultura digital, donde hay una respuesta correcta y una incorrecta, no hay nada en el medio. No deja espacio para la creatividad y la incertidumbre. Hay una lista de palabras que también se pueden utilizar para nombrar a la lentitud, a este nuevo paradigma: una relación más fluida, más orgánica con las personas y con el mundo que nos rodea.
No quiero echarle toda la culpa a la cultura de la impaciencia, pero es un factor importantísimo en la ecuación. El stress, las enfermedades, son consecuencias de la velocidad, de estar fuera de nuestro tempo.
Pensamos siempre en hacer cualquier tarea que emprendamos, pensamos en hacerla rápido, en lugar de hacerla bien. Y eso nos lleva a una reacción en cadena: problemas de salud, calidad de trabajo, la falta de conexión entre las personas, dentro de la familia, dentro de la comunidad. Porque está también el tema de la voracidad de querer consumir. Hay algo muy interesante en el sistema educativo finlandés. En una suerte de guía internacional de los países más exitosos en educación, Finlandia llega en el primer puesto y en todas las categorías.
Rumbosur 27/4/06
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nitdia dijo
lo bueno de todo esto es que leerlo puede ser el primer paso para darnos otra oportunidad...
29 Mayo 2006 | 01:06 PM